
Habíamos dejado a J. en Campillos Paravientos, un pueblo de la serranía baja de Cuenca al que llegó con la 61ª brigada mixta el 10 de octubre de 1937. Al día siguiente, escribe una nueva carta a Enriqueta:
«Enriqueta el motivo de la presente es para decirte que estoy impaciente por recibir contestación tuya, pues esta es la sexta que te escribo y aún no hé recibido contestación ninguna carta tuya, pues no te puedes figurar las ganas y con que ilusión la espero.»
Según parece, todavía están lejos del frente y la situación es tranquila:
“Te escribo desde una casa particular de este pueblo donde dormimos y también se acuestan dos tenientes, que en algunas ocasiones entablamos conversación con ellos y segun nos dicen ellos iremos a Valencia a jurar bandera y desfilar y luego nos marcharemos al frente, que creo que aún tardaremos porque aún tienen que venir mas quintos, porque aunque nosotros sepamos la instrucción ellos no la saben, y además aún no tenemos la ropa y ni sabemos tener un fusil en la mano así es que entre unas cosas y otras no iremos al frente lo menos dentro de un mes y luego empieza a nevar y a llover y no habrá operaciones.”
De hecho, en esta carta se intuye algo que es habitual desde el primer día. Joaquín se esfuerza por describir su situación en los mejores términos, minimizando todo aquello que pudiera convertirse en fuente de preocupación para los suyos, hasta el punto de que en ocasiones podría dar la impresión de encontrarse en otro tipo de viaje:
“Tambien tenemos una bli biblioteca que ay libros sociales, libros culturales y novelas de aventuras. tambien ay escuela para los reclutas analfabetos que les enseñan a leer y a escribir. Ahora tambien nos dan periodicos casi todos los dias aunque son atrasados de dos o tres dias se enteramos de lo que pasa. Asi es que ya ves tenemos libros y tenemos periodicos para pasar los ratos.”
A pesar de todo y aunque él no sea el soldado más beligerante, no le es posible eludir la realidad de la guerra en la que se encuentran inmersos:
“Tambien te digo esto para que sepas que aún estamos rodeados de fascistas, que segun dijo el teniente Teruel ya sería nuestro, pues había preparado para el ataque, en un sitio que no lo esperaban ellos setenta tanques, cien aviones, ochenta baterias de artilleria de todos los calibres, un regimiento de caballeria, muchísimas ametralladoras y morteros y mucha infanteria, pero todo se estropeó porque el teniente coronel que lo habia preparado todo se pasó a los fascistas, y al rato de las trincheras de los fascistas a las nuestras se pasó un capitán y setenta soldados que avisaron y claro enseguida lo dijo todo lo que habia preparado, pero al enterarse los nuestros enseguida lo cambiaron todo el material de sitio, porque al poco rato la aviación ya iba buscando pero no encontró nada de lo que buscaban, asi es que ya ves, el ataque a teruel se hubiera echo cuando nosotros hubieramos estado enseñandose la instrucción.”
Como siempre, antes de finalizar la carta, J. dedica unas palabras de amor a su compañera:
“Enriqueta mi amor se agudiza se hace insostenible, siento una emoción cuando pienso en ti, una emoción acompañada de unos suspiros tan profundos tan profundos, que salen de lo mas ondo de lo mas íntimo de mi corazón. Mi mas loca pasión, lo mas sagrado para mi, mi unica ilusión en la vida eres tu Enriqueta Galiano mi unico amor verdadero que hé tenido en esta vida.”
A continuación, J. manda recuerdos y rubrica la carta. El último espacio que queda en blanco en el papel escribe esto:
*Todas las citas son transcripciones literales de los textos originales.“No tengo cartas asi es que si no me venden los compañeros no escribiré”.