Allepuz, 7 de noviembre de 1937


Es 7 de noviembre de 1937. No importa el día de la semana, porque en el frente todos son iguales. J. está contento. Siguen haciendo la instrucción en Allepuz (Teruel) y no hay novedades reseñables. Ha recibido carta de su amada Enriqueta y ha conseguido papel para poder escribir una respuesta:

“Queridisima Enriqueta:

Me alegraré que al recibo de esta te encuentres disfrutando de una completa salud.”*

Desde este otro extremo del tiempo resulta curioso ver cómo envejecen las palabras. Sin que hayan podido moverse del papel en el que estaban apresadas han mutado notablemente. Lo que en 1937 el soldado J. escribía para agasajar a su novia, hoy en día seguramente causaría un efecto distinto:

“De lo que me dices que en mi casa te dice mi Madre que viviremos alli y que tu repartiras la leche y arreglaras las gallinas, te contesto que no estoy conforme porque como ya te decia en casa, tu único trabajo a de ser estar en mi casa, en nuestra casa o nido de amor para arreglarme a mi que aun tendras demasiado trabajo, el unico que trabajará soy yo todo lo que será menester para que te consideres la mujer mas dichosa”

J. quiere darlo todo por su chica. Ponerle la vida en bandeja. Y que pueda gozar del privilegio de ocuparse “solo” de la casa. Hoy suenan muy lejos sus palabras. A toda una época de distancia. No consigue sonar reciente ni siquiera en el momento de mayor atrevimiento de toda su correspondencia, cuando se permite la única licencia de carácter sexual que pondrá por escrito:

“y vivir en casa de mi madre tampoco porque por primera aquello es demasiado grande para nostros dos por lo segundo que no estamos en nuestra casa y no podemos hacer lo que nos de la gana como por ejemplo si tenemos ganas de acostarse tarde o leer o estar acostados con la luz encendida leyendo o besandose y abrazandose y haciendose el…”

A cientos de kilómetros de la mujer que ama y a una distancia indeterminada de su futuro incierto, ya no sabe cómo decirlo:

“De lo que me preguntas si te haré la mas feliz de las mujeres te contesto que mi única ilusión en esta vida es que tu vivas completamente dichosa y te consideres muy feliz (…) como tengo que renunciar a tu amor si mi única ilusión es tu amor mi única dicha es poder abrazarte y sentir el calor de tus amorosos besos y mi única felicidad el que tu y yo formemos un hogar”

Una vez más, el papel se acaba. Y, con él, el tiempo para estar con Enriqueta. Tras la noche, si nada lo impide, llegará otro día que en ese momento entraña una incógnita que no tiene sentido intentar descifrar:

“Recuerdos para tus padres y todos los de tu familia y todos los demas y tu recibes muchos besos y abrazos de este que te quiere mucho con locura y desea hacerte la mujer mas feliz y es

J. Figuerola

cuando escribas vuelve a mandar otra carta en limpio porque no tengo ni una para poder escribirte”

*Las transcripciones son literales.

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