He leído por ahí que la infancia de un hombre dura hasta que mueren sus padres. Yo creo que la mía duró hasta que murió mi abuelo. Cuando él se fue yo tenía 19 años y una pregunta en apariencia muy simple se me instaló en la cabeza. ¿Quién era? ¿Quién había sido mi abuelo?
Desde ese momento, hurgar en la vida de mi abuelo se convirtió en una obsesión a la que volvía de manera recurrente. Sin darme cuenta, lo sacaba a relucir en las conversaciones, lo ponía como ejemplo, hacía más preguntas de la cuenta a los que podían saber algo acerca de él. Cuando por fin pude contar su historia en un libro titulado Coses que feia el meu avi creí que había alcanzado el día en que podía vivir mi vida sin tener que volver a la de él.
Sin embargo, como únicamente he advertido después, que yo me propusiese dejar descansar la historia de mi abuelo no significaba que ella estuviese dispuesta a hacer lo propio conmigo. Por mucho que intentase involucrarme en otros proyectos, por más que me alejase de él, la historia de mi abuelo salía a mi encuentro. Un día, por casualidad, alguien que no hubiese imaginado pronunciaba su nombre en mitad de una conversación. Al cabo de unas semanas, sin haberlo esperado, me topaba con un íntimo amigo suyo de la infancia del que nunca había llegado a hablarme. Meses después, cuando todo parecía estar de nuevo olvidado, aparecía un papel revelador. Hasta que en una ocasión una persona que las había estado guardando durante muchos años puso en mis manos el fajo de cartas que por fin me decidió a abrir este blog.
A lo largo de este proceso que ha durado varios años me he preguntado a menudo cómo era posible que una y otra vez la misma historia saliese a mi encuentro, cuando yo ya había perdido el interés por seguir contándola. Visto en perspectiva es fácil imaginar que lo que debo hacer ahora es encontrar la línea de puntos capaz de unir las pistas que durante todos estos años han ido jalonando mi camino. Como es lógico, he terminado por desarrollar una hipótesis al respecto. Yo no he hecho nada para llegar hasta aquí, es la historia quien me ha perseguido. Porque sabe bien que yo soy el único entre los vivos que es capaz de contarla.
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